Notas conceptuales hacia una noción sobre las “masculinidades saludables”
Por: Leonardo Garcia

El concepto de “masculinidades saludables” se ha vuelto cada vez más relevante (Etienne, 2018), pero su aplicación efectiva requiere superar las visiones reduccionistas que entienden la salud como un simple estado biológico y la masculinidad como modelo hegemónico único. Para el trabajo del Laboratorio Social de Género y Masculinidades, es fundamental construir una noción más cercana y cotidiana de este término, una que nos permita tender un puente entre la teoría crítica y la práctica transformadora. Esta documento se presenta como un aporte inicial para esa tarea: delinear un marco conceptual que, al explorar las raíces teóricas del concepto, ofrezca una herramienta analítica y práctica para sumar al trabajo con hombres y salud en Ecuador. Nos interesa fundamentar por qué la promoción de masculinidades cuidadoras y transformadoras no solo es deseable, sino indispensable para la prevención de la violencia basada en género y la construcción de relaciones más igualitarias.
El panorama
Trabajar con hombres y masculinidades no es una agenda opcional, sino una necesidad urgente. El modelo de masculinidad hegemónica —basado en el poder, el control, la invulnerabilidad y la competencia— funciona como un factor de riesgo para la salud pública. Las estadísticas regionales demuestran que este modelo se traduce en mayores tasas de mortalidad prematura para los propios hombres (por suicidios, accidentes y conductas de riesgo) y, de manera crítica, legitima la violencia como un mecanismo (Hearn y Kimmel, 2007) de relación, siendo la Violencia Basada en Género –VBG– su expresión más sistemática. Ignorar la masculinidad como un componente central del problema es perpetuar un enfoque incompleto de la justicia de género, uno que no interpela a quienes, en su mayoría, sostienen los privilegios del sistema patriarcal y, por lo tanto, son agentes indispensables para su desmontaje.
“La salud de los hombres ha comenzado a adquirir mayor relieve como un tema que merece especial atención a medida que surge mayor evidencia sobre las tendencias epidemiológicas diferenciales entre hombres y mujeres, en particular con respecto a la mortalidad prematura de los hombres por enfermedades no transmisibles (ENT) y su morbilidad vinculada a comportamientos inadecuados en lo que respecta a la búsqueda de atención médica, la salud mental y la violencia, incluidos los homicidios y los traumatismos. En casi todos los países del mundo, los hombres tienen mayores probabilidades que las mujeres de morir antes de cumplir los 70 años, y los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que alrededor de 52% de las muertes por ENT en todo el mundo se producen en hombres. A lo largo del curso de la vida, la mortalidad es mayor en los hombres que en las mujeres y, en general, la esperanza de vida de los hombres es menor en todo el mundo. En comparación con las mujeres, los hombres tienen una tasa de mortalidad por causas externas cuatro veces mayor y un riesgo siete veces mayor de ser víctimas de homicidios. La probabilidad de morir por cardiopatías isquémicas es 75% mayor en los hombres que en las mujeres. Además, 36% de las muertes en hombres son evitables, en comparación con 19% de las muertes en mujeres” (Etienne, 2018).
“La salud de los hombres ha comenzado a adquirir mayor relieve como un tema que merece especial atención a medida que surge mayor evidencia sobre las tendencias epidemiológicas diferenciales entre hombres y mujeres, en particular con respecto a la mortalidad prematura de los hombres por enfermedades no transmisibles (ENT) y su morbilidad vinculada a comportamientos inadecuados en lo que respecta a la búsqueda de atención médica, la salud mental y la violencia, incluidos los homicidios y los traumatismos».
Frente a este panorama, la apuesta por las masculinidades saludables emerge como una alternativa transformadora. Su importancia radica en visibilizar los diferentes aspectos que intervienen en la construcción de las masculinidades, en una perspectiva individual y relacional, como punto de partida para articular un enfoque que vincule la salud integral de los hombres con un proyecto más amplio de cambio de los patrones socioculturales que promueven las desigualdades y las violencias basadas en género. Esta mirada busca traducir las reflexiones sobre la salud y la masculinidad como factor de riesgo en insumos concretos que orienten la intervención social e incidan en la formación de lo políticas públicas pertinentes desde un enfoque transformador de género.
Hacia una noción sobre las “masculinidades saludables”
El concepto de masculinidades saludables que queremos posicionar se posiciona en la intersección entre los estudios críticos de la masculinidad, la salud de los hombres y las teorías feministas. Su conceptualización implica una relectura ética, política y cultural de lo masculino, en la que los hombres dejan de ser concebidos como sujetos naturalmente resistentes al cambio o factor de riesgo y pasan a ser considerados como agentes capaces de encarnar procesos de transformación y cuidado, tanto a nivel personal como a nivel colectivo.
Para Connell (1995), las masculinidades son entendidas como configuraciones históricas de práctica de género que se producen en relación con estructuras de poder, jerarquías y resistencias. Las masculinidades saludables, en ese sentido, no constituyen un nuevo ideal normativo, sino una orientación crítica y situada que busca desactivar la masculinidad hegemónica —aquella que legitima la dominación y la desigualdad— y sustituirla por formas más igualitarias, cuidadoras y sostenibles de ser y relacionarse.
Desde la teoría de la salud, Courtenay (2000) demostró que los comportamientos de riesgo masculinos (evitar controles médicos, consumo abusivo, negligencia en el cuidado del cuerpo) son formas de “hacer género”; es decir, maneras de demostrar hombría bajo normas culturales de dureza, autosuficiencia y control. Por tanto, la “salud masculina” no es un problema biológico sino una construcción social, y las masculinidades saludables implican desmontar esas performatividades dañinas y reemplazarlas por hábitos que favorezcan el bienestar integral, la búsqueda de ayuda, la comunicación y la corresponsabilidad.
Flood (2015) y Hearn y Kimmel (2007) refuerzan esta visión al proponer que las políticas de salud dirigidas a los hombres deben integrar un enfoque de igualdad de género y transformación cultural, en lugar de promover simplemente estilos de vida saludables. En ese sentido, hablar de masculinidades saludables significa promover relaciones igualitarias, éticas y libres de violencia, tanto a nivel interpersonal como estructural.
Desde los feminismos interseccionales y decoloniales, hooks (2004), Segato (2016) y Lugones (2008) alertan que la transformación de las masculinidades no puede reducirse a cambios conductuales o emocionales: debe incluir una conciencia crítica sobre el poder y el privilegio, y una lectura histórica de cómo el patriarcado, el racismo y el capitalismo producen modos de ser hombre que oprimen tanto a las mujeres como a los propios hombres y a las diversidades sexo genéricas. Así, una masculinidad saludable no solo se “siente mejor”, sino que cuestiona activamente las estructuras que enferman, vulneran o violentan las relaciones humanas.
Elliott (2016), por su parte, propone que el cuidado —de sí, de otras personas y del entorno— puede ser un principio organizador alternativo de lo masculino. Este enfoque desplaza el mandato del dominio por el del vínculo, y redefine la fortaleza como capacidad de sostener, acompañar y reparar, no como dispositivo de poder y control.
Noción preliminar de las masculinidades saludables
A partir de estos aportes, se propone la comprensión de las masculinidades saludables como configuraciones dinámicas, críticas y relacionales de lo masculino que promueven el bienestar integral, la igualdad y la sostenibilidad de la vida. Se construyen mediante el desarrollo de procesos de autoconciencia crítica, corresponsabilidad y cuidado por parte de los hombres y las personas que se identifican con lo masculino, en diálogo con las luchas feministas y los derechos humanos como horizonte político. Como ejercicio de politización, construir masculinidades saludables implica cuestionar los mandatos patriarcales de invulnerabilidad, dominio y competencia, para su transformación hacia prácticas éticas de cuidado, conexión emocional, cooperación y justicia. Estas masculinidades no representan un nuevo modelo ideal de hombre, sino una trayectoria de cambio personal y colectivo que reconoce la existencia de múltiples formas de ser, construir y habitar las diversas masculinidades, hacia formas de convivencia y relacionamiento más saludables, igualitarias y transformadoras. Promover masculinidades saludables es apostar por la construcción de procesos humanización que pongan en el centro el cuidado de la vida en todas sus expresiones.
A partir de estos aportes, se propone la comprensión de las masculinidades saludables como configuraciones dinámicas, críticas y relacionales de lo masculino que promueven el bienestar integral, la igualdad y el sostenimiento de la vida.
Bibliografía
Connell, R. W. (1995). Masculinities. Cambridge: Polity Press. Disponible en: https://genderandmasculinities.wordpress.com/wp-content/uploads/2017/02/robert-w-connell-masculinities-second-edition-3.pdf
Courtenay, W. (2000). “Constructions of masculinity and their influence on men’s well-being.” Social Science & Medicine, 50(10). Disponible en: https://xyonline.net/sites/xyonline.net/files/Courtenay%2C%20Constructions%20of%20masc.pdf
Elliott, K. (2016). Caring masculinities: Theorizing an emerging concept. En Men and Masculinities, 19(3), 240–259. Disponible en:https://doi.org/10.1177/1097184X15576203
Etienne CF. Addressing masculinity and men’s health to advance universal health and gender equality Rev Panam Salud Publica. 2018;42:e196. https:// doi.org/10.26633/RPSP.2018.196
Flood, M. (2015). Work with men to end violence against women: A critical stocktake. En Culture, Health & Sexuality, 17(sup2). Disponible en: https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC4706022/
Hearn, J., & Kimmel, M. (2007). The sociology of men and masculinity. In C. D. Bryant, D. L. Peck (Eds.). The sociology of men and masculinity (Vol. 2, pp. II-132-II-138). SAGE Publications, Inc. Disponible en: https://doi.org/10.4135/9781412939645.n73
hooks, b. (2004). The Will to Change: Men, Masculinity and Love. Disponible en: https://doceru.com/doc/s85e1x5
Lugones, M. (2008) Colonialidad y género. Tabula Rasa, (9). Disponible en:https://www.redalyc.org/pdf/396/39600906.pdf
Segato, R. (2016). La guerra contra las mujeres. Buenos Aires: Siglo XXI. Disponible en: https://traficantes.net/sites/default/files/pdfs/map45_segato_web.pdf